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Ingrediente que contiene el aguacate ayuda a adelgazar

La historia de amor entre el aguacate y el ser humano se remonta a más de 10.000 años atrás. Por sí solo, este fruto hubiera desaparecido siguiendo la estela de la extinta megafauna mesoamericana como los perezosos gigantes, capaces de alcanzarlos, masticar su piel coriácea y digerir su enorme hueso para excretar sus semillas. Fueron los pueblos precolombinos los encargados de domesticar las variedades que han llegado a nuestros días: un amor pasional, ya que por su parecido a unos testículos, los aztecas le atribuían efectos afrodisíacos.

Puede que ésa sea la única virtud del aguacate que la ciencia no ha llegado a confirmar. Porque el llamado “oro verde” -no solo por suponer una lucrativa fuente de ingresos- está cargado de beneficios nutricionales: a destacar, el saludable aporte de grasa monoinsaturada, vitaminas, minerales, además de antioxidantes y fibras vegetales. Un reciente estudio lo vincula a una reducción del colesterol más peligroso para la salud cardiovascular si consumimos uno a diario -siempre y cuando contabilicemos las 250 calorías aproximadas por fruto para no superar las 2.000 kcal diarias recomendadas para un adulto.

Con todo, el aguacate todavía encierra tesoros por descubrir, incluso para aquellos que no disfrutan especialmente de su sabor. Un compuesto natural que contienen únicamente ellos, y que recibe el correspondiente nombre de avocatina B (AvoB), ha demostrado tener la capacidad de controlar la ganancia de peso y frenar, cuando no impedir del todo, el desarrollo de enfermedades metabólicas como la diabetes de tipo 2. El descubrimiento ha sido realizado por investigadores de la Universidad de Guelph (Canadá) y publicado en la revista Molecular Nutrition and Food Research.

Tanto la obesidad como la diabetes adquirida son males que han adquirido proporciones epidémicas en el mundo desarrollado: uno de cada cuatro canadienses es obeso, señalan los autores liderados por el profesor Paul Spagnuolo, una enfermedad crónica en la que el paciente va desarrollando resistencia a la insulina. Se trata de la hormona encargada de descomponer los azúcares para permitir al organismo metabolizarlos y retirarlos del torrente sanguíneo; si este mecanismo deja de funcionar, aparece la diabetes de tipo 2.

Lo que el equipo de Spagnuolo ha logrado evidenciar por vez primera es que la avocatina B puede inhibir los procesos celulares que en otras circunstancias volverían al paciente diabético. Concretamente, las complicaciones que surgen en las mitocondrias, las “baterías” de las células que alimentan la “quema” (u oxidación) de grasas y que terminan viéndose perjudicadas por el sobreesfuerzo a las que la somete la obesidad. Si falta energía para oxidar por completo las grasas, estas se acumulan en depósitos lipídicos en el cuerpo y, más allá de hacernos engordar, precipitan la resistencia insulínica.

Sin embargo, la AvoB es una molécula grasa que acude al rescate de la oxidación incompleta y protege dos puntos estratégicos de nuestro organismo: las fibras musculares esqueléticas y el páncreas. Además, en las pruebas con pacientes humanos, el compuesto terminaba absorbiéndose en la sangre sin efectos adversos para los músculos o los órganos que tienden a sufrir la concentración de partículas tóxicas, el hígado y los riñones.

El resto del estudio se realizó sobre ratones, que fueron alimentados durante ocho semanas con dietas ricas en grasas para inducir obesidad y resistencia a la insulina. Durante las cinco semanas siguientes, la mitad de los roedores recibió suplementos de AvoB mientras seguían tomando grasa. Al término del estudio, el grupo tratado con el compuesto había engordado más lentamente y pesaba menos. Y lo que es más importante, subraya Spagnuolo: su sensibilidad a la insulina era mayor, traduciéndose en una “quema” de glucosa en sangre mucho más efectiva.

El ensayo sobre roedores permitirá ahora repetirlo sobre seres humanos, una vez determinada la dosis de AvoB y su seguridad para el organismo: durante las pruebas con personas, además, observaron que los pacientes adelgazaban, pero serán los siguientes ensayos los que determinen hasta que punto es “estadísticamente significativo”. La idea es desarrollar los suplementos de avocatina B en forma de píldoras y polvos solubles -que, según precisa Spagnuolo en el apartado de intereses, ya ha obtenido la autorización de la Sanidad canadiense para comercializar.

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“Comer solo aguacates enteros sería ineficaz para obtener la avocatina B, porque sus cantidades naturales varían en gran medida según el fruto”, se justifica. “Y todavía no entendemos completamente cómo se digiere y absorbe el AvoB en el organismo cuando nos lo comemos”. Por último, concluye, aunque las virtudes del aguacate como comida para la pérdida de peso aparecen con frecuencia en los estudios, eso no excluye la necesidad de una dieta sana y de ejercicio frecuente para evitar problemas metabólicos como la obesidad y la diabetes.

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